LOS CINCO LENGUAJES DEL AMOR

Hace unos días en una reunión con profesionales de la psicología se planteo la cuestión de la importancia de la armonía entre la pareja para conseguir una familia sana. Entonces me vino a la cabeza la teoría del terapeuta de pareja Gary Chapman sobre los cinco lenguajes del amor. En definitiva este autor afirma que la armonía familiar está en función de si todos los miembros de la familia utilizan el mismo lenguaje de amor. De la misma manera que la mejor forma de entendernos en un país extraño es cuando hablamos el mismo idioma, así también en el pequeño mundo familiar es imprescindible utilizar el mimo lenguaje de amor.

Esta teoría dice así: no todas las personas expresamos nuestro amor de la misma manera. Para este autor lo podemos sinterizar en cinco formas: 1) A través de la palabra: por ejemplo: “Ese vestido te sienta muy bien”, “La comida te ha salido perfecta”, etc.; 2) La renuncia: “como a ti te gusta la playa, pues iremos a la playa”; 3) Los regalos: el detalle de una flor, una entrada para el teatro, o un fin de semana en cualquier lugar; 4) Actitud de servicio: “ir a recogerte en coche”, “ayudar en las tareas domésticas”, etc.; 5) Contacto físico: las caricias y no solamente con un connotación sexual sino al cogerse de la mano por la calle, abrazarse en un paseo, etc. Todas estas formas pueden servir para la convivencia siempre y cuando hablemos el mismo lenguaje. Lo importante pues no es el lenguaje en el que yo expreso el amor sino si la otra parte está en la misma onda.

El problema surge, pues, cuando cada miembro de la pareja o de la familia utiliza un lenguaje de amor diferente: el que prioriza la palabra no entenderá el contacto físico como cariño sino quizá como agobio; de la misma manera el que expresa su amor a través de la renuncia no comprenderá el mensaje de los regalos, por poner solamente algunos ejemplos.

Es por esto que con demasiada frecuencia aunque dos personas se quieran se pueden sentir incomprendidas y abocadas a la ruptura. Por esto, querido lector, te animo a un ejercicio de reflexión: cada miembro de la pareja o de la familia se puntúa de 0 a 10 en los diferentes lenguajes del amor. Después los resultados se confrontan con el otro y a partir de las diferencias que se observen habrá que trabajar para que todos hablen el mismo lenguaje de amor. Animo y a la búsqueda de la armonía, que será la antesala de la felicidad.

Alejandro Rocamora Bonilla

Psiquiatra

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El valor de la risa y las actitudes positivas en la educación

“La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa”

Mark Twain

En muchas ocasiones tenemos la idea equivocada de que lo importante no es divertido. Pero probemos a emplear la risa y las actitudes positivas con frecuencia, acompañando a lo que hacemos, los resultados serán más efectivos. En la educación la risa y las actitudes positivas tienen un importante valor en muchas ocasiones desestimado.

¿Qué nos aporta la risa y las actitudes positivas?

Constituyen el mejor remedio natural contra el estrés y la tensión. La risa hace que nos relajemos y que liberemos tensión. Que veamos las cosas de otra manera.
Tienen un importante valor para expandir el conocimiento. Las actitudes y pensamientos positivos nos alientan para superar retos y lograr nuestras metas y no quedarnos atascados en el yo no puedo, si hacemos ver una dificultad con humor, damos la fuerza para superar esa dificultad y a la larga se amplía el conocimiento.
Estimulan el aprendizaje, los niños y niñas aprenden con el juego, el entretenimiento y la diversión.
Favorecen la creación de vínculos emocionales. La alegría hace que nos sintamos bien y el sentirnos bien nos une a las personas que tenemos cerca en ese momento que hacen que nos sintamos bien y que comparten esos momentos de alegría.
Contribuyen al desarrollo emocional sano y a un desarrollo cognitivo efectivo. Las actitudes positivas fomentan las emociones positivas, y ambas fomentan el desarrollo.
Favorecen una sana autoestima. Es importante saber reírse y ver las cosas desde un punto de vista positivo para tener una sana autoestima.
Hacen que tengamos pensamientos positivos. Si la actitud es positiva el pensamiento es positivo.
Refuerzan las habilidades sociales. Estar relajados y positivos contribuye a relacionarnos de forma efectiva.
Favorece la concentración. Estar alegre y en un ambiente relajado hace que la concentración sea más efectiva.

Una actitud positiva, nos va a ayudar a tener pensamientos positivos y a eliminar los negativos, de esta forma veremos las dificultades desde un punto de vista optimista. Esto contribuye a no centrar el problema en nosotros mismos, a ver más puntos de vista. Y así tenderemos a buscar soluciones, creeremos que estas son posibles y dispondremos de fuerzas y energía para llevar a cabo la solución.

Es por ello que se hace imprescindible emplear las actitudes positivas y su expresión en forma de risa para la educación de los más pequeños. Ya que enriqueceremos el proceso educativo y el desarrollo de los niños y niñas.

Pautas para educar con una actitud positiva

Establece buenas relaciones con los demás. Si creas un ambiente de relaciones positivas y alegres, los niños y niñas se sentirán relajados y cómodos y las actitudes positivas surgirán de manera natural.
Préstale Tiempo y atención suficiente. Dedica tiempo de calidad a los pequeños, juega con ellos, cuéntales un cuento, ríe, habla, escúchales, etc. Deja a un lado las preocupaciones y dedícales unos momentos relajados, divertidos, sin tensiones.
Sé empático con ellos, ponte en su lugar, no les juzgues entiéndelos. Si se sienten comprendidos se sentirán cómodos para expresar sus actitudes positivas.
Utiliza un estilo de educación congruente y coherente. Evita mandar mensajes contradictorios a los pequeños. Es importante que seas coherente, si no permites determinada actitud no la permites nunca, que no dependa de tu estado de ánimo o cansancio.
Emplea unos valores compartidos por todos los miembros de la familia. Es fundamental que tanto el padre como la madre sigan una misma línea educativa. Así como todos los miembros de la familia. Las contradicciones generan sentimientos y actitudes negativas.
Muéstrate con naturalidad, en todo momento deja que tus actitudes surjan, no fuerces una actitud positiva, relájate primero y después deja que salgan las actitudes.
Sirve de ejemplo, no escatimes en sentido del humor. Ríete a menudo, bromea, juega canta. Muestra ante los problemas una actitud positiva, no te dejes desanimar. Los niños y niñas aprenden más de lo que ven que de lo que les dice.
Dialoga con los pequeños cuando se les presente una dificultad o problema, muéstrale pensamientos positivos acerca de esta situación particular.
Motívale, hazle ver que puede, si tú crees que pueden, ellos creerán que pueden, tendrán la actitud positiva que necesitan.

Los niños y niñas que crecen en un ambiente alegre y positivo, tomarán esas actitudes en sus vidas futuras. Si queremos educar a los niños y niñas para que sean brillantes, debemos educarlos en el buen humor, en las actitudes positivas y sanas que fomenten su alegría y su risa.

A veces cuando vemos a personas felices creemos que lo son porque todo les va bien, pero deberíamos pensar que tal vez todo les vaya bien porque son alegres y tienen actitudes positivas como un estilo de vida.

AUTORA. Celia Rodríguez Ruiz

Tratarnos bien o el placer de la autocompasión

 

 “La paz que ha de hallarse dentro de uno se encuentra en el mismo lugar en el que se ubican la agitación y el sufrimiento.

No ha de hallarse en el bosque ni en la cima de la colina, ni es otorgada por un maestro. Donde usted experimenta sufrimiento puede encontrar la emancipación del sufrimiento. En realidad, tratar de escapar del sufrimiento es, de hecho, correr hacia él”

(Ajahn Chah)

 

 

 

   Tratarme bien, ser gentil con uno mismo suena tan sencillo, resulta tan evidente su importancia, es una actitud tan determinante para el  propio bienestar y de quienes nos rodean, y sin embargo, a pesar de su simpleza no resulta nada fácil de practicar.

Las exigencias y el estrés en el mundo moderno se traducen también en autoexigencia, en un sentido crítico y enjuiciador hacia nosotros mismos; además, en el camino de nuestras vidas vamos experimentando sufrimientos, pérdidas y decepciones que nos ponen a prueba, en muchos de esos momentos de dificultad aprendemos a ser severos y autocríticos con nosotros mismos, pudiendo llegar a ser incluso violentos: “¡Qué estúpido soy!, hasta cuando”, o “¿Por qué me pasan estas cosas a mi?” o “No soy digno de que me quieran”,  pueden ser algunas de las expresiones que usamos con nosotros mismos. Sin darnos cuenta, podemos haber establecido un modo dañino de relacionarnos con nosotros mismos.

Las prácticas de atención plena son una oportunidad para observar el modo en que me estoy relacionando conmigo mismo. ¿Qué frases o ideas me estoy repitiendo continuamente? Con mis acciones y hábitos ¿Qué emociones estoy cultivando? ¿Cómo me estoy tratando?

             Tratarme bien, ser amable y comprensivo con uno mismo es una actitud que podemos decidir cultivar, y es una alternativa especialmente relevante de practicar en momento de dificultad, cuando emerge nuestro crítico más severo, nosotros mismos, haciendo que el sufrimiento también aumente.

Ser amables y comprensivos con nosotros mismos no es sinónimo de autoindulgencia o de estar centrados en nosotros mismos. Ser amables con nosotros mismos nace de reconocer nuestra humanidad compartida, al ser conscientes de nuestra vulnerabilidad y ser respetuosos con ella, aparece la necesidad de tratarnos igual de bien que aquellos a los que más apreciamos, es decir, reconocer que no somos ni superiores ni inferiores a nadie, sino semejantes, formamos parte de la humanidad y de la vida entera.

Hoy existe mucha evidencia científica de los beneficios de la gentileza y compasión con uno mismo. Las personas que se tratan bien a sí mismas tienen también un mayor bienestar, poseen una menor ansiedad, depresión, enfado y una mayor inteligencia emocional.

Ser críticos y enjuiciadores de nosotros mismos hace más probable también que adoptemos esas mismas actitudes con quienes nos rodean, nos demos cuenta o no de ello. De modo similar, cultivar el ser gentiles y compasivos con nosotros mismos nos abre las puertas a tener esa misma actitud hacia quienes nos rodean, repercutiendo favorablemente en nuestras relaciones interpersonales. Observar con gentileza nuestros errores y dificultades permite abrir un espacio para empatizar con quienes están a nuestro alrededor. Una respuesta compasiva con nosotros mismos nos ayudará a responder al sufrimiento emocional de otros con bondad, en vez de con crítica o culpa.

Práctica

Utilizando la metáfora del jardinero expresada por el monje Vietnamita Thich Nhat Hanh, la práctica que les proponemos consiste en hacer presente aquellos aspectos que nos nutren, nos revitalizan. En la metáfora del jardinero esto se realiza regando las semillas de bienestar en nosotros mismos, y sólo nos tomará un par de minutos.

Puedes sentarte un momento y traer tu atención gentilmente a tu momento presente…prestando atención a tu respiración y a las sensaciones corporales de este instante… Mantente unos segundos respirando…

Luego, puedes hacer presente los aspectos que te nutren y vitalizan hoy, y puedes verlos como semillas que puedes regar en ti mismo o en ti misma… puedes permitirte sentir las sensaciones de natural descanso, alegría, serenidad, bienestar, o lo que sea que surja, sin hacer ningún esfuerzo en especial… o simplemente puedes sentir la natural estabilidad y ritmo de la respiración.

Permítete por un momento prestarle atención a esos aspectos que se vuelven presente en ti mismo, permítete regar con la energía de tu atención aquello que aprecias y que ya posees…

Manteniendo atención a lo que surja, ahora podrías reconocer algunas acciones hábiles, que estén dentro de tu influencia realizar y que te permitan regar estas semillas de bienestar. ¿Qué pequeña acción podría ser significativa para incrementar tu bienestar? Puedes incluir  hacer o dejar de hacer algunas actividades que generen bienestar en ti y a quienes te rodean, ¿Cuál sería el primer paso? Si gustas podrías escribirlo y luego poner manos a la obra…

Para concluir, permite sentir algunas respiraciones, apreciando el milagro de estar vivo, en el lugar en el que estás, quizás agradeciéndote el haberte regalado esta Pausa de atención.

(Publicado por Teléfono de la Esperanza de Badajoz).

¿Cómo entendemos en el Teléfono de la Esperanza el proceso del crecimiento personal? El “seguimiento”.

En nuestra ONG no buscamos que los participantes en los cursos y talleres hagan muchos de ellos a la vez. Ni pretendemos aprender mentalmente o reunir muchos conocimientos. Esto sería fácil. La experiencia nos dice que el proceso del cambio personal es lento, a base de pequeños avances y algún retroceso, logros que son difíciles de asentar como un cambio permanente. Si algo distingue a los cursos y talleres del Teléfono son los “seguimientos” que realizamos durante varias semanas (normalmente unas ocho o diez semanas) después de las exposiciones teóricas. Precisamente este seguimiento es la parte más fructífera de los cursos y talleres pues en ellos es donde se logra, en un ambiente de respeto y confidencialidad, con el apoyo mutuo entre los compañeros, cambiar algunos aspectos de nuestra vida para aproximarnos a lo que queremos llegar a ser. No tendría sentido por tanto estar embarcado en varios cursos a la vez. Es mejor ir avanzando lento y seguro en aquellos aspectos de nuestra vida que queremos cambiar. Después podremos iniciar otro curso o taller. Incluso a veces es recomendable concederse un tiempo para madurar entre dos cursos. Repetimos, no se trata de saber muchas cosas sino de cambiar los comportamientos no deseables por otros más funcionales para una vida emocional sana. Este proceso nunca se acaba, nunca llegaremos a quedar satisfechos con nosotros mismos. Por tanto no tengamos prisa.

Os ofrecemos dos testimonios de personas que han participado en un curso o taller del Teléfono de la Esperanza de Granada.

“Haber vivido el Curso Piensa bien para Sentirte mejor ha sido una de las experiencias más renovadoras en mi vida. Hacer ejercicios conscientes para conocer mis pensamientos y reconocer como éstos determinan mi sentir y actuar, ha sido la clave para iniciar cambios trascendentales en mi vida. Gracias al Teléfono de la Esperanza y a mi grupo de apoyo me he decidido a vivir la vida con más plenitud y menos dolor.”

“Quería escribiros por dos motivos, uno por daros las gracias por vuestra dedicación al taller que tan fructífero fue para la mayoría de nosotros y para mí en concreto. Y el otro motivo es contaros cómo ha cambiado para positivo mi vida a raíz del taller, algo que creo que es bueno recalcar ahora que han pasado algunos meses para seguir animando a los voluntarios que hacéis que esto sea posible. Desde que hice el taller he cambiado muchas formas de comportarme y de relacionarme con mi entorno y ahora soy más feliz y me siento mucho más equilibrado, muchísimo. Mi relación con mi familia y con mi entorno ha cambiado positivamente… a veces basta sólo con que algo cambie dentro de uno un poco…para que el resto del entorno cambie con él.

Cuando me presenté por primera vez en el Teléfono, debo reconocer que me sentí con dudas y un poco patético por tener que ir a contar mis cosas a un taller del Teléfono de la Esperanza, pero con vuestro saber hacer y con la dinámica generada en el mismo mis prejuicios se derribaron completamente. Había pasado un largo invierno en mi vida y gracias al curso puedo disfrutar de la primavera más allá de las fechas del calendario…

Recuerdo mucho lo vivido tan intensamente en el taller, a todas las compañeras que allí entregaban partes de sus vidas y las ponían en común para el bien del grupo, y sentí que también yo debía entregarme al grupo de la misma forma. Durante estos meses he aprendido en mayúsculas y he crecido mucho y aunque ha habido momentos buenos y otros malos después del curso he vuelto a confiar en mí para poder caminar por la vida sorteando las dificultades que vengan, sin miedos y con ganas e ilusión.

Quería escribiros desde hace ya unas semanas porque me he acordado mucho de lo aprendido en el curso y lo estoy haciendo 🙂 alguna vez me he encontrado en el autobús con una compañera y al preguntarle y ver que estaba bien, que estaba contenta, yo he sentido una alegría enorme por ella…

Cuanto bien me ha hecho el curso y quería daros las gracias por vuestra dedicación y tiempo.

Gracias de todo corazón!! Recibid un caluroso abrazo, deseándoos a todos los coordinadores del curso lo mejor.”

Si quieres, puedes decirnos cuál es tu experiencia respecto a los cursos y el proceso de seguimiento. Nos ayudará a mejorar.